Se acabó. No pudo ser. El Linares Deportivo caía derrotado el pasado sábado en la semifinal del Playoff a Segunda ante la SD Amorebieta por 1-2 en el Nuevo Vivero de Badajoz y no ha podido ponerle el broche de platino a una temporada que ya quedará en la retina de todos los azulillos y que ya es historia del fútbol linarense, si bien es cierto que el equipo minero no se despide de la temporada con las manos vacías y se queda con un, también, inesperado ascenso a la recién nacida 1ªRFEF, donde solo competirán 40 equipos divididos en dos grupos de 20, partiendo España por la mitad, y donde Linarejos esperará a equipos como Castilla, Hércules o Extremadura.
Pero lo que ha vivido el seguidor azulillo este año ya no se lo quita nadie. Ha visto como el equipo de sus amores le regalaba una alegría tras otra cada semana. Ha visto como su equipo le hacía disfrutar e ilusionarse. Ha visto como levantaba el ánimo de su ciudad vilipendiada por algunos indeseables.
Un seguidor azulillo que no volvió a fallar en a su cita en este nuevo capítulo para la historia y que volvía a estar al lado de su equipo en tierras extremeñas. Entorno a 800 linarenses se daban cita en el feudo pacense, azulillos y azulillas que horas antes tintaban de azul las calles, plazas y bares de la ciudad del Guadiana. Azulillos y azulillas que habían llegado de ciudades como Sevilla, Valencia, Madrid o Málaga.
Sobre las 18:45, el equipo llegaba a El Vivero, donde su gente ya le esperaba. Gargantas rotas, lágrimas de emoción y de orgullo y cánticos de aliento envolvían al imponente autobús minero.

Y a las 20 horas, el trencilla decretaba el pitido inicial. Comenzaban la tensión y los nervios. Y llegaba el minuto 8, el minuto de Fran Carles, el minuto de aplausos en memoria del eterno capitán. Una palmas interrumpidas en protesta por una acción que pudo cambiar el devenir del partido tras una mano clara del central Arregi dentro del área vasca, que el señor colegiado, en un alarde de cinismo, no quiso pitar.
Pero el Linares no era el Linares y pronto el partido daría mala sintomatología, en el que los vascos se hicieron, con mucho orden y disciplina, con el control del mismo, maniatando a Rodri y bloqueando la sala de máquinas de los azulillos. En el minuto 30 llegaba el primer golpe. Tras un saque de banda y en segunda jugada, Mikel Álvaro recogía un balón dentro del área y fusilaba a Razak. Celebración de los apenas 100 seguidores del “Amore” que contrastaba con el silencio sepulcral de un fondo sur pintado de azul.
A raiz del gol, el Linares quería reaccionar, pero era más corazón que ideas, sin llevar el estilo de juego descarado, preciso y vertical que le había llevado hasta ahí. Con la sensación de mucho que cambiar, se llegaba al descanso.
En la reanudación saltaba al césped el mismo XI que era incapaz de hacerle cosquillas a los vascos, sorprendiendo a propios y extraños la falta de reacción del bueno de Alberto González, que ya debía haber “agitado la coctelera” en ese momento.
Así pues, el partido era más de lo mismo. Un Linares que tocaba de forma estétil y un Amorebieta más que cómodo en el campo y que pudo dejar finiquitada la eliminatoria en el minuto 50 cuando Unzueta a portería vacía marraba el 0-2. Esto hizo reaccionar al míster y a una grada azulilla cada vez más pesimista por lo que estaba viendo. Entraron Lara y Hugo en el minuto 64 y los cambios salieron bien. El medio cordobés, cinco minutos después, desataba la locura en el Vivero cuando fusilaba a Saizar tras recoger un centro de Villarejo. Empate en el marcador, resultado que le valía a los azulillos de acabar así la posible prórroga. Pero nada más lejos de la realidad. Un espejismo. Solo diez minutos después, los azulillos volvían a tropezar en la misma piedra y el Amorebieta volvía a sacar rédito en lo que mejor saben. De nuevo un balón parado castigaba al Linares. Tras un rechace de Razak a tiro de Mikel Álvaro, el balón le llegaba finalmente a Orozco, que a portería vacía hacía el 1-2. Jarro de agua fría para los azulillos que, ya sí, se veían eliminados. De ahí al final, el Linares tampoco reaccionó como se esperaba. Pitido final y derrota justa de un Linares irreconocible y que no se pareció en absolutamente al que lo había coronado campeón del grupo IV ante un Amorebieta quizá inferior al rival, pero que supo optimizar sus recursos al máximo con un orden y una disciplina extraordinaria.

Final del partido. El Linares había caído y el sueño se esfumaba, pero eso no quitaba el agradecimiento de la eterna sufridora afición para con los suyos, reconociendo el gran año que les ha regalado. Lágrimas y emoción en la grada y en los jugadores azulillos que permanecían indemnes en el césped viendo como su afición se rompía las manos de aplaudirles y animarles, viviendo así algo que saben que nunca olvidarán.
El Linares perdió en el campo, pero ganó en admiración y prestigio. Este club y este equipo siguen creciendo y seguirán dando alegrías sin duda. Lo mejor está por llegar y en el fútbol, como en la vida, no hay que dejar de soñar.

Para terminar, permítanle a este humilde plumilla dar, desde aquí, y como azulillo hasta la tumba que seré, las gracias a todos y a cada uno de los que han hecho más felices a todos los linarenses y a mi ciudad en esta temporada a través del fútbol. Gracias a los que han hecho poder vivir algo que no pensábamos que viviríamos en mucho tiempo. Gracias a los que han llevado y honrado este bendito escudo por todos los estadios. Gracias a todos esos azulillos que, sabiendo que no podrían entrar al campo, no dudaron en sacarse sus abonos en cualquier modalidad y ayudar al club. Gracias a todos los que hacen al Linares cada vez más grande. Gracias a todos esos amigos que me acompañan en la piedra de Linarejos y en un viaje para estar con los nuestros. Gracias a mi padre y a mis hermanos por hacerme del Linares.

Orgullo minero. Orgullo azulillo.

VOLVEREMOS.