Seis días han pasado desde que los ciudadanos estadounidenses acudieran a las urnas.Cinco largas jornadas marcadas por la incertidumbre, la inestabilidad de los mercados y las famosas ¨fake news¨ a las que lamentablemente ya estamos acostumbrados.

A la cita acudían dos candidatos a la presidencia, Joe Biden y Donald Trump, miembros del partido Demócrata y Republicano respectivamente. Dos figuras con personalidades absolutamente antagónicas.

El proceso electoral, culminado el 3 de Noviembre no fue un paseo de rosas para ninguno de ambos candidatos. Cada cual jugó sus cartas ferozmente, sin ambigüedades, sin tregua respecto al contrincante.

La primera jugada del tablero político, fue llevada a cabo por Donald Trump con el famoso caso denominado como ¨Ucraniagate¨, mediante en el que el Presidente recaudo información por parte de autoridades ucranianas de Joe Biden y su hijo Hunter Biden. Esto le costo el famoso ¨impeachment¨o proceso de destitución del que finalmente consiguió salir airoso.

Por su parte, Joe Biden, el candidato demócrata, devolvíó el golpe con la movilización de las masas socialistas en las calles, canalizado por el movimiento ¨Black Lifes Matter¨. Los disturbios, las protestas y el caos pretendían dar una imagen de inestabilidad y conflicto social durante el mandato de Trump, que consecuentemente debería pagar en las urnas.

Estas dos fueron las dos premisas con las que arrancaría el proceso electoral, sumada a la tambien antagonista visión respecto al Coronavirus. Donald Trump, que en numerosas ocasiones defendió la inutilidad del uso de mascarillas, realizó fuertes promesas referente a la llegada de la vacuna, intentó quitar hierro a la pandemia y derivó toda la culpa del virus hacia China. Por otro lado, Joe Biden siempre se mostró precavido, defendiendo la versión oficialista de la pandemia y tildó de irresponsable la gestión pandémica de la administración Trump.

Con todo esto, las cartas estaban sobre la mesa. Solo quedaba saber quien ganaría la manga. Cosa que a decir verdad, casi una semana después de las elecciones aún no sabemos de forma oficial y que tampoco pretendemos esclarecer en este articulo. Nuestro objetivo es desvelar algo que está sucediendo a lo largo y ancho del globo, y es la evidente crisis de las democracias liberales.

Si algo ha evidenciado este proceso electivo, ha sido el uso de las artimañas y formulas políticas que chocan profundamente con la idea que el ciudadano tiene respecto al concepto universal de ¨democracia¨. La característica fundamental de la misma, es que el poder reside en el pueblo. ¿Pero que ocurre cuando la opinión que fundamenta la elección popular esta completamente viciada o manipulada? ¿Es el pueblo verdaderamente libre para realizar una elección? Imaginemos por un momento, que durante el proceso formativo de un infante, solo es educado en la lengua inglesa. ¿Se considera libre el niño para hablar o elegir otra lengua, si acaso no ha sido instruido en la existencia de una pluralidad de las mismas? Personalmente, diría que no.

Esto es exactamente lo que esta ocurriendo a lo largo de muchas naciones, pero concretamente vamos a ceñirnos a Estados Unidos. ¿Como es posible que en la amplia mayoría de las televisiones que debieran atender la pluralidad politica americana podamos encontrar que el discurso dominante es Anti-Trump? Algo parecido ocurre en España -que quiza suene mas cercano al lector-, y es que independientemente del canal de televisión, o emisora de radio que decidamos elegir, encontraremos que todos tienen una cosa en comun, ninguno simpatiza abiertamente con la formación política ¨Vox¨ ni difunde su mensaje de una forma veraz y respetable.

¿Como se puede pretender que un pueblo elija libremente si en todas las cadenas de televisión, radio y ultimamente redes sociales -con el avance de la censura- existe un discurso hegemónico?

Mención especial merecen las encuestas de intención de voto. Es imposible negar a estas alturas que su pretensión es guiar la elección del ciudadano, en vez de reflejar las verdaderas intenciones de voto de los mismos. Sino, resulta imposible explicar como al candidato Donald Trump, en un estado como Wisconsin las encuestas pronostiquen una derrota por un margen de 18 puntos, y que los últimos datos electorales reflejen que la diferencia final entre ambos es de apenas 1 punto. Cabe entender que pueda existir una variación entre la encuesta y el resultado final, pero no un abismo.

La manipulación constante a la que nos vemos sometidos, produce que un candidato que ha mejorado absolutamente todos los datos macroeconomicos en las poblaciones hispanas y de raza negra, sea tildado de racista. Produce, que un candidato que ha logrado el armisticio entre Armenia y Azerbaiyán, que ha frenado la escalada de tensión con Corea del Norte o que ha retirado las tropas de Oriente Medio, sea tildado como un loco incendiario que puede desencadenar nada más y nada menos que la 3ª Guerra Mundial.

Por otro lado, Joe Biden, un candidato que votó a favor del bombardeo de Yugoslavia, que apoyó la intervención en Oriente Medio, y que durante su cargo de Vicepresidencia de EEUU -bajo el mandato de Obama-, encerrababa niños en jaulas en la frontera mexicana, sea considerado como un pacifico democrata. El mismo Joe Biden que a pesar de apostar por las fórmulas económicas socialistas fracasadas de Cuba o Venezuela, sea considerado como la esperanza del mundo hispano.

Vivimos en el mundo al revés. Y no es algo fortuito. Los medios de desinformación y la aportación economica de millones de dólares provinientes de grandes círculos de poder -que precisamente si algo buscan, no es el progreso y la libertad popular- nos han llevado a esta situación.

A pesar de estos datos, que en absoluto constituyen una opinión personal, si no una realidad tangible, demostrada y palpable, encontramos como las principales cadenas ¨informativas¨ americanas tildan a Donald Trump de difundir constantemente ¨fake news¨ y de negar la evidente victoria de Joe Biden. Los mismos medios de comunicación que difunden diariamente bulos y mentiras preconcebidas, haciendo de Trump un personaje caricaturizado, grotesco y maquiavelico.

Como hemos mencionado anteriormente, no toda la manipulación y censura queda en manos de los medios convencionales, las redes sociales como Twitter también han utilizado su poder de censura para vetar a Trump de espacio, invisibilizando la mayoría de sus opiniones contrarías al proceso electivo y a la forma en la que se han llevado a cabo.

Parones en los recuentos de papeletas, llevados a cabo en los estados a mano del partido democrata, votantes inscritos que según parece han fallecido hace decadas, votos que llegan cuando los colegios electorales ya han cerrado, la prohibición de asistencia de ojeadores…Que juzgue el lector, pero hay que admitir que el proceso huele como poco a chamusquina.

Resulta cómico que los mismos demócratas que hace años hablaban de la ingerencia Rusa en las elecciones, produciendo la victoria definitiva de Donald Trump, hoy se rasgan las vestiduras para defender la absoluta transparencia del proceso actual.

Ante todas estas circunstancias, solo cabe esperar a la resolución judicial. Pero todo indica que a pesar de que el proceso se hubiera llevado con escrupuloso respeto a la legalidad, aun queda mucho trabajo por hacer para asegurar una democracia plena, pasando por desterrar de nuestros países la falsedad informativa, a las elites que ejercen su influencia en las sombras y todas las artimañas demagogicas y falsarias que nada tienen que ver lo que verdaderamente ansían los habitantes de una nación: el pan, la libertad y la justicia.

Foto: https://www.marca.com/en/lifestyle/2020/11/03/5fa174be268e3ed2718b4584.html

Foto: https://www.clasesdeperiodismo.com/2017/06/28/donald-trump-rebautiza-a-cnn-como-fnn-fake-news-network-el-canal-de-noticias-falsas/